¿Hacia dónde evoluciona la arquitectura del XXI? La comparativa de las nuevas construcciones edificatorias con la popular muñeca Barbie que  hace referencia  el artículo “Barbie’s new clothes” realizado por Xabier Gonzalez , es un buen ejemplo para mostrar la realidad de una arquitectura modular, en la que cada vez más se ven sumergidos la mayor parte de los estudios de arquitectura actuales.

 

“…el cuerpo de todas las Barbies es idéntico y el molde es el mismo….pero más allá de éste cuerpo globalizado, la muñeca es, principalmente el soporte de sus vestidos; vestirla es para empezar situarla en un lugar, un clima o en un acontecimiento.”

 

Poco a poco los edificios se están convirtiendo en meros moldes idénticos con distintos vestidos o carcasas exteriores para diferenciarse unos de otros, sin tener en cuenta otro aspecto más allá del visual o estético.

La extrema estandarización y modulación adaptada a los modelos de producción cada vez más globalizados, junto a la regulación mediante todo tipo de normativas aplicadas al proceso de diseño arquitectónico, hacen que la libertad proyectual para satisfacer la verdaderas necesidades sociales por parte del arquitecto, queden reducidas a la mínima expresión.

Así , empezando por el esqueleto del edificio, el diseño de la estructura  estará predefinido por una retícula cuya luz entre pilares será en su mayor parte fijada por las medidas globalizadas de los vehículos, con el fin optimizar el espacio de aparcamiento. Por otro lado, todos los espacios habitables dependerán al mismo tiempo de las dimensiones modulares del mobiliario; por ejemplo el diseño de una cocina vendrá principalmente marcado por módulos de 0,60 m de sus electrodomésticos. Los espacios comunes serán proyectados teniendo en cuenta unas directrices de accesibilidad fijadas por autoridades locales y centrales muchas veces contradictorias entre sí, o incluso dependiendo del emplazamiento, las normativas urbanísticas a su vez imponen a través  de un fuerte marco legislativo unos requerimientos específicos, fijando qué y cómo se puede o no construir, haciendo más caso a números que a la lógica aplastante de la funcionalidad.

Aglutinando todos estos requerimientos, el ejercicio de diseño proyectual se convierte en un complejo puzle, donde la principal preocupación  es el encaje de las piezas. Se está dejando a un lado la parte humanista centrada en  la investigación de los modelos de habitar de una sociedad cambiante, que ha evolucionado y que demanda otras soluciones arquitectónicas, produciéndose una ruptura entre el espacio y la forma de vida del individuo. Estas reglas predefinidas suponen un estancamiento de  la arquitectura, que hasta ahora ha venido resolviendo estos problemas emergentes, a base de cortar y pegar modelos reutilizados.

La sensación es que está todo demasiado encorsetado atendiendo a bases ya impuestas, las cuales en un determinado momento  puede que funcionaran, pero que no deberían establecerse de por vida, ni resignarnos a ellas si queremos hacer cohabitar la arquitectura con las nuevas exigencias culturales. Las reglas de diseño marcadas, son tan importantes como la aleatoriedad, flexibilidad y diversificación de productos, capaz de absorber cualquier  nueva necesidad que se plantee tanto en la sociedad como en el mercado.